Hector del Mar

Homenaje a Hector del Mar. El hombre que tiraba del rabillo de la o

Por Nicola Galena

Suena su voz narrando un partido de fútbol al fondo de la cocina mientras mi abuela termina un potaje de garbanzos y habichuelas. Pilar, andaluza de los olivares lucentinos, ponía siempre el transistor encima de un lebrillo con aceitunas bien tapadito mientras se terminaban de encurtir en su salsa de sosa caústica rebajada con agua.

Pilar, la del Nene, como hacía llamarse, endulzaba las olivas y disfrutaba de los matinales deportivos de Hector del Mar. “Chiquillo es que este locutor me gusta a rabiarrrr” me decía la abuela chistándome para que me callara si le molestaba cuando escuchaba un resumen de la jornada anterior.

Su atención se aguzaba cada vez que Hector, el hombre del gol, narraba una jugada en el área chica, poniéndole motes a todo aquel que corriera por la banda, chutara a puerta o saliera cabizbajo al centro del campo antes de que el árbitro echara la moneda al viento.

Uli Panzer Stilike, Hacha Brava Benito, Puma Santillana, Cámara Lenta del Bosque, eran algo más que puros motes surgidos de las perspicaz mirada del periodista deportivo, que narraba los asaltos al área como las batallas épicas con un lenguaje trufado de desbordantes adjetivos y un humor que nos sacaba del asombro de sus planteamientos.

El oyente sentía como le lanzaban de repente a la cara un exabrupto, en la misma escuela de García cuando nos sacaba del insomnio con una de sus ocurrencias. García era, contando y cantando las cosas, como la sosa, más cáustico, pero no menos divertido.

Hector del Mar

Hector del Mar se envolvía en la o del gol y surfeaba durante minutos tirando con su profusa voz y su campanilla del rabillo de la grafía oblonga estirándola hasta limites en que dudábamos de su capacidad pulmonar, aunque siempre nos sorprendía con un ooooooll final, vivaz y repleto de sonoridad.

Era capaz de gorjear el gol – gol, gol y gol--- tras una narración a veces en tono de voz cascada de sargento chusquero que salía de las entrañas forzada hasta el límite. Hector usaba también el gol hipo huracanado que se iniciaba con un grito hirsuto y terminaba enredado en los exteriores de la o.

Pilar, la del Nene, disfrutaba con aquel bonaerense que convertía su suave voz en cavernoso grito y nos hacía brincar cada vez que la pelota tocaba red y que convertía las tardes o las mañanas en un espacio de ocio viendo las imágenes a través de las ondas porque con él, igual que con tantos otros, esa visión era posible.

La voz, el relato de algunos a través de las ondas, se rebela repleta de pixeles que completan imágenes como en la pantalla del televisor pero paseándose por los poros de la piel.